En las primeras sesiones exploramos la historia personal, los contextos y el origen del malestar para entender cómo se ha desarrollado el problema. Sin embargo, el foco del trabajo terapéutico se centra principalmente en identificar y modificar las dinámicas actuales que lo mantienen, ya que son estas las que influyen directamente en cómo la persona se siente y funciona en el presente.
Estas dinámicas pueden incluir patrones de pensamiento, conductas de evitación o control, respuestas emocionales automáticas, hábitos poco ajustados o formas de relacionarse con una misma persona, con las demás o con la comida.
La intervención se organiza habitualmente en fases, propias de la terapia cognitivo-conductual:
No pongo etiquetas innecesarias ni propicio procesos interminables sin rumbo. Me baso en entender qué está pasando, qué lo mantiene y cómo empezar a cambiarlo con herramientas prácticas, ajustadas a cada persona y a su momento vital.
Trabajo con niñez, adolescencia y personas adultas, así como con parejas, adaptando la intervención a cada etapa vital y a las necesidades de cada proceso terapéutico.
Financiado por la Unión Europea
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